martes, 30 de diciembre de 2008

Esto es magia. Es un conjuro.
Esto fue escrito con el propósito de ser canción, pero no pudo ser. Nadie sabe ponerme música. Nadie sabe ponerle música, porque esta es una historia de querer y no poder. Aquella noche me desperté y me acordé de ti. Y no sabía si estabas muerto, si estabas vivo o dónde coño estabas. Y un día después apareciste. Me deshice contigo, pero esto no se hace, hijo de puta. Esto no se hace.

¿Qué es el mar sin sal? ¿Y un jardín sin flores? ¿Qué es un río sin cauce, una noche sin luna y un alguien sin alma? Garabatos sobre el papel, el teléfono comunicando. Las cigüeñas vuelan, y a mí ya no me quedan más uñas que morderme. Ya no sé ver nuestro reflejo en el espejo. El tiempo es plano, como las hojas sobre la tierra. Y cuando el cierzo las arrastre, contaré hasta diez y me dejaré caer.
Te olvidaste a la guitarra, te olvidaste a la rosa, y me olvidaste a mí por el camino.


Hoy llevo un día de mierda. Llevo dos semanas pasando noches de mierda, ha habido días malos, ha habido días buenos (como ayer), pero el de hoy ya la repolla. Me he levantado con menos ganas de comer que de costumbre. Madre ha dejado la nota de siempre escrita en el papelajo ese donde apoya el cuenco de los cereales: Guten Tag! Hazte las tostadas, échate miel y tómate la pastilla. Llámame cuando te levantes. Llamo. Dice que me vaya a Ikea con no sé quién. De puta madre, 50 euros para gastar en chorradas. Enciendo la tele. Preparo el papeo. He engañado un poco a mi madre: no sé qué he hecho con la pastilla, la leche era desnatada y no he echado miel. Pero las tostadas son sagradas, por mucho que engorden mi asqueroso culo de foca anoréxica. Luego he ido a vomitar, pero me ha dado pereza y he empleado ese tiempo en ducharme. El calentador está medio jodido y me he quitado la roña con agua fría. Me visto con lo primero que encuentro y me intento peinar. Coño, qué de enredones, mierda de pelo, joder. Me las doy con viento fresco y con el pelo más frío todavía. Sin secar. Me pillo un taxi hasta Torrero y me tiro allí cuarenta eternos minutos esperando. Viene la tía, cogemos el autobús, hablamos de chorradas y damos una vuelta por Puerto Venecia. Es un descampado con cuatro tiendas-OVNI y un Ikea. Nos tiramos hasta las tantas allí hasta que ¡aleluya!, Alicia me manda un mensaje. Quedamos a las siete y media en el Paraninfo. Genial, así me escapo, que tanto sueco y olor a pichiglás me marea. Dejo los bártulos en casa, meriendo, veo un cacho de Cobardes (una mierda de película que me ha dado por ver) arreo con la musiquilla y me largo corriendo. Llego pronto. Nos encontramos. Estoy a gusto, por una vez en todo el día. Vamos a ver Australia. Echamos unos cuantos lloros, unas cuantas risas y volvemos a nuestras casas. En la mía se masca la tragedia. Todo lo desdeprimido se vuelve a deprimir. Hasta ahora. Y ya está.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta tu canción sin música. Supongo que del resto no tengo derecho a opinar. Bueno, no me gusta la miel xD

Te quiero.